La ventana al mundo de antes
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on 25 julio 2008
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El Family Game
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on 18 julio 2008
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-colaboración j-
Esas series, ahora en películas
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on 07 julio 2008
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En estos tiempos en que la mayoría de las películas abundan con contenidos de viejas series de televisión bien vale el recuerdo del Superagente 86, uno de los últimos en salir de la pecera Retro a la pantalla grande. La serie duró cinco años y nació como una parodia a los formatos de espionaje como los de James Bond.
El protagonista de la serie fue Maxwell Smart (Agente 86) y la coprotagonista se llamaba "99". Ambos trabajaban para "Control" (parodiando a la CIA) y luchaba contra "Kaos" (parodiando a la KGB) la organización internacional del mal que a menudo deseaba conquistar el mundo o hacerlo estallar. El superagente usaba un "zapatófono" (precursor del teléfono celular) para comunicarse con el jefe pero casi siempre sus llamadas eran equivocadas y terminaba hablando con la operadora que le solicitaba poner monedas para continuar hablando.
Aquí una muestra de la genialidad humorística del reconocido Agente 86:
-colaboración J-
El protagonista de la serie fue Maxwell Smart (Agente 86) y la coprotagonista se llamaba "99". Ambos trabajaban para "Control" (parodiando a la CIA) y luchaba contra "Kaos" (parodiando a la KGB) la organización internacional del mal que a menudo deseaba conquistar el mundo o hacerlo estallar. El superagente usaba un "zapatófono" (precursor del teléfono celular) para comunicarse con el jefe pero casi siempre sus llamadas eran equivocadas y terminaba hablando con la operadora que le solicitaba poner monedas para continuar hablando.
Aquí una muestra de la genialidad humorística del reconocido Agente 86:
-colaboración J-
El "Topolín" que traía mi viejo
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on 24 junio 2008
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La otra noche estaba por llegar a casa y mi hijo, por mensaje de texto, me impartió la orden: "pasá por una estación de servicio y traeme un chocolate".Cómo prefiero hablar antes que escribir, y más si uno estás manejando, lo llamé inmediatamente.
-¿No querés que te lleve un Topolín?
-¿Un Topo qué?, preguntó sorprendido.
-Nada, nada. Te llevo un chocolate.
De golpe me trasladé a mi infancia. Obviamente que a mi viejo no lo hubiese llamado por celular ni pedirle que pasara por la estación de servicio, salvo que mi madre necesitara kerosene para la estufa. En las estaciones de servicio no había golosinas, pero además, no había celulares. Pequeño detalle.
Pero volvamos al Topolín. Era mi golosina preferida. El Topolín implicaba una ceremonia. Era la sorpresa, el regalo que traía, nos traía, mi padre, a mis hermanos y a mi cuando llegaba del trabajo. No era una golosina cara, pero el momento en que mi viejo atravesaba la puerta del departamento, nos daba un beso y metía sus manos en el bolsillo, era sublime. Eso se registraba entre las ocho y las nueve de la noche. Nosotros -mis dos hermanos y yo-ya estabamos bañados, con el piyama puesto, viendo algo de tele, haciendo los deberes, o matandonos por alguna pavada esperando la llegada de papá mientras la vieja cocinaba. Lo de los pucheros, el estofado de pollo con fideos o la polenta con queso vale para otro comentario.
Nos encantaba el Topolín, con ese sobre de papel, descolorido, que uno abría esperando encontrar un pequeño juguete y el querido chupetín. Tengo grabado el gusto. Los gustos y los olores perduran. El del Topolín no me lo borra nadie.
Degustábamos con placer ese Topolín, como el chicle bazooka, las galletitas Manon que mojabamos en la leche, o algún "Mejoralito" que por ahí afanábamos de la caja de los remedios. Ya habíamos visto a "Don gato y su pandilla", "Los autos locos" y "Meteoro", habíamos hecho los deberes y usado el "Simulcop" para algún trabajo de Ciencas Naturales, y nos preparábamos para dejar atrás un nuevo día.
Supongo que mi viejo paraba siempre en el mismo kiosko donde lo esperaba el paquete de Parliament largo y los tres paquetes de Topolín. Cuando cobraba y se podía, nos sorprendía con tres chocolatines Jack, pero el Topolín ganaba por robo en cuanto a fidelidad. Nunca llegó sin la golosina o el paquete de figuritas.
Esos días únicos, irrepetibles, de nuestra infancia, cuando las preocupaciones, las obligaciones, eran cosa de "los grandes", son lindos para evocar de vez en cuando. Esta vez, gracias al "Topolín", la golosina de mi infancia que jamás conoció mi hijo.
El día que el viento se tomó descanso
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on 09 junio 2008
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Pintaba para ser una jornada relajada, pero se convirtió en todo lo contrario. La cosa fue así. Sobrina, cinco años, que llama por teléfono para invitar a una barrileteada familiar en el jardín. Papá y mamá laburando, de modo que el tío -a partir de aquí, el que suscribe-, sin dudarlo, aceptó gustoso. Allí estaba en la puerta del Inmaculada Concepción, en el corazón del Puerto, exactamente a las 10.30 como lo había pedido la "seño".Entre padres, madres y hermanos ansiosos por iniciar el encuentro, ya íbamos "relojeando" los barriletes preparados por cada uno. Digamos que el nivel era parejo. No había ningún Jumbo ni nada que sobresaliera. Todos parejitos, siguiendo las instrucciones que las responsables de las salitas "Manchas verdes" y "Manchas azules", tal cual identifican a esas bandas de mocosos que ya en el patio estaban ansiosos por hacer volar sus cometas, habían mandado en el cuaderno de comunicaciones.
Cada uno, con su enano/a de la mano, fue buscando el mejor lugar en el amplio parque cual pista de despegue. Y así, como cuando a uno lo invitan a jugar al papi fútbol descubre sin temor a equivocarse quién tiene todas las fichas como para gastarla con sólo verlo en el precalentamiento, acá sucedió lo mismo. Detecté a dos descendientes de Jorge Newbery que se pararon como para hacer volar hasta a los árboles.
Obviamente me puse bien lejos de ellos. Alguien dio la orden de largada, y entonces sí, comenzó la actividad. Bah, es una forma de decir. Mar del Plata, nuestra bendita ciudad, ofrece 365 días al año con interesantes vientos, rafaguitas que te vuelan el peluquín al menor descuido. Pero éste es bisiesto, si no me equivoco. La ecuación es sencilla: el de la barrileteada fue el único día en que el viento decidió tomarse un merecido franco. Ni una mísera brisita. Nada.
Algunas mujeres corrían tomando el hilo, el abuelo que estaba a mi izquierda ya se estaba poniendo nervioso, y los parientes de Newbery tampoco lograban levantar el barriletito más allá de sus hombros. Pintaba mal de entrada la cosa. De más está decir que, tal cual lo preveía la noche anterior, lo mío fue un fracaso rotundo desde el vamos, pero confieso que estaba mentalmente preparado. Y con la excusa de que no había nada de viento, zafaba.
-"¿Qué pasa tío con nuestro barrilete?", preguntó Serena, ya con ganas de irse con sus amiguitas a correr, cortar flores o comerse toda la bolsa de Sugus bajo el ciruelo. - Nada, lo mismo que a los demás. No hay viento. - ¿Y si soplamos? - Bueno, intentemos.
Media hora ya había pasado. La única serena era Serena. Los padres, madres, tíos, abuelos y hermanos fuimos de a uno abandonando. Mientras tanto, escuchando ciertos diálogos, ratifiqué que estos pibes no tienen nada de santos. Son lo más irónico y dañino que uno pueda imaginarse.
"Mamá, esta porquería no funciona", lo escuché a uno, me la juego, el más vago de la sala, quien tiró su barrilete al piso sin ninguna diplomacia. La señora sonrió pero juego la cena que tuvo ganas de decirle que era un cretino, que no le importó que mami se perdiera tres horas con engrudo y cañitas, recortando letras para armarle el mejor barrilete con el nombre de Lucas estampado para que lo leyeran las nubes.
Caminé unos pasos, y esta vez era una nena la que mirando de frente a su padre le disparó sin anestesia: "papá, vos no sabés hacer barriletes", sin dejar espacio para cualquier tipo de respuesta o explicación. Se dio media vuelta y se marchó con otro piojo.
Cuando Serena amagó a decirme algo -ya me alcanzaba con lo escuchado, ya era consciente de mi torpeza- la llené de palitos de la selva y chupetines que, como un as de espada, guardaba en mi bolsillo. Me perdonó la vida y al rato andaba a los saltos por ahí.Se me acercó un padre. "No hay nada de viento. Ayer lo probé en Mogotes y funcionaba. Mala suerte", se psicoanalizó. Me gustó su corto, concreto y realista análisis que compré en forma inmediata.
A pasos apenas, el que se iba a comer a los chicos crudos desenterraba su ahora destartalado cometita, que se había clavado en el medio del parque. A esa altura, la única que corría era la mañana. El espacio aéreo seguía bien limpio. Tengo 54 madres y 16 padres que no me dejan mentir. No volaban ni las moscas. Uno a uno fueron, fuimos, desistiendo, buscando programas alternativos hasta el mediodía. Aparecieron entonces los mates, se improvisaron las rondas, y los juegos informales con los chicos.
A las 11.20 exactamente todo se sacudió. Primero fueron gritos y después aplausos. Reaccioné y busqué. Todas las miradas todas apuntaban hacia el cielo. Un barrilete celeste y blanco, con una hermosa cola, cual novia del viento, allá se iba cada vez más alto. En instantes comprendimos que este tipo borraba de un plumazo todas las excusas. El tenía viento, o por lo menos su artefacto subía y subía. Los mates quedaron de lado y todos fuimos por otro intento. Acá, allá, corrían, se agitaban los brazos, se cambiaba de lugar, pero nada.
El del tipo aquel cada vez se iba más lejos. Los chicos seguían quemando energías pero "relojeando" al único habitante del limpio cielo. Y el hombre, claro está, gozaba. Me lo imaginaba en el almuerzo diciéndole orgulloso a su párvulo: "¿viste que el único que voló fue el que hizo papito?".
Papito: ahora te lo puedo confesar. Todos los que pasamos cerca tuyo, todos los que te felicitamos, todos los que dijimos pavadas del estilo "muy bueno lo tuyo", o "sos un maestro", te odiamos. Sí, con todo el corazón, porque nos clavaste un puñal en el medio del orgullo, porque nos hiciste tomar mate acompañado por el amargo polvo de la derrota.
Papito, pedí tres deseos cuando veía tu barrilete allá en el cielo. Como no se cumplieron te los cuento en orden de importancia. ¿Me escuchas? Primero, que pasara un helicóptero de la Prefectura y se comiera tu objeto volador, segundo, que de la nada surgiera un rayo que te lo incendiara, y tercero, que cayera un aguacero que te lo arruinara allá en lo alto. Si se daban los tres juntos, bingo.
Sí "papito", vos te reirás al leer estas líneas, pero te regalo la imagen del tipo que vi sentado ahí, a un costadito, con su barrilete cósmico y su honor hecho pedazos. Cabeza gacha, pasé junto a él, tuve ganas de invitarlo a tomar un whisky, a darle ánimo, pero me miró con sus ojos de perro extraviado, volvió a esconder la cabeza, y dejé que solito elaborara su duelo.Rogaba que llegaran las 12, que terminara este suplicio. A la hora señalada se dio por terminada la fiesta, y cada uno para su casa. Me despedí de Serenita, y lejos de recibir un reproche, me regaló el beso más dulce de esa mañana distinta.
Ya estoy ahorrando para la próxima: me compro un barrilete a control remoto, me pongo al lado de "papi" -hablando en serio, un campeón- y entonces sí, que me echen los galgos.
El día en que Mar del Plata se vistió de blanco
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on 27 mayo 2008
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En estas horas, en que se habla de la posibilidad de una nueva nevada en Mar del Plata, la memoria nos lleva al primero de agosto de 1991, el día en que Mar del Plata se vistió de blanco y fue una verdadera fiesta.
Seguimos esperando que se repita. Cuando los meteorólogos advierten que están dadas las condiciones, cuando el frío se hace sentir como en estos días, los habitantes de esta ciudad nos retrotraemos a aquel primero de agosto del 91, el día de la nevada. Imágenes que quienes fueron testigos, jamás podrán olvidar. Fue una jornada distinta, atípica. Con sus cámaras en mano -no existían, cabe recordarlo, las digitales de hoy ni los celulares que permiten inmortalizar un momento-, los marplatenses se trasladaban de una punta a otra de la ciudad para observar los alcances del fenómeno.
Los muñecos de nieve se multiplicaban en los barrios, mientras el Casino, el Faro, el Parque San Martín, las playas, Parque Camet, Sierra de los Padres, el Puerto, Punta Mogotes y todos los paseos de la ciudad recibían la visita de los curiosos que se asombraban ante los nuevos paisajes.
"Nieve: una fiesta para Mar del Plata", fue el título de la tapa de LA CAPITAL del 2 de agosto de 1991, una edición histórica que se agotó a las pocas horas de salir de las rotativas, con decenas de fotografías y testimonios sobre la nevada. Tan especial fue ese diario que por primera vez en los más de cien años de historia de este matutino, la marca de la tapa fue modificada, añadiéndosele dibujos de la nevada sobre cada una de las letras de LA CAPITAL. Nuevas ediciones debieron imprimirse a lo largo de la jornada, a pedido de los "canillitas" que llegaban hasta nuestra planta editora buscando más ejemplares. Diarios, en definitiva, que están guardados, cuidadosamente, en miles de hogares como reflejo de aquel día único.
"Un fenómeno meteorológico que pudiera ser rutinario en muchas geografías del planeta, tiene para nuestra ciudad carácter de acontecimiento. La nieve fue, en consecuencia, el hecho destacado del día de ayer, el comentario obligado en todas las tertulias, y como es habitual, la nota reproducida en imágenes por todos los medios televisivos del país. Fue una nevada en forma. persistente, abundante, generosa. Para muchos, un episodio inédito en su vida. Y sin duda una experiencia que, de no estarse produciendo una modificación significativa del tiempo en estas latitudes, tardará en volver a producirse...", se leía en la tapa de LA CAPITAL. Y fue cierto. Han pasado 17 años y no volvió a verse algo igual.
La crónica seguía ilustrando lo sucedido. "Nevó toda la noche. Lenta y silenciosamente. Y los primeros muñecos de nieve comenzaron a tomar forma entre bufandas y gorros de lana, cuando la lógica indicaba que el lugar más apropiado era la alcoba y la calidez de la cama".
"Sin duda, los más sorprendidos por el aspecto que mostraba la ciudad fueron aquellos que se levantaron con las primeras luces para concurrir a sus ocupaciones. La nevada seguía cayendo sobre la ciudad copiosamente -se prolongó casi hasta las 9.30- y cubría con un manto blanco paseos, edificios y arterias", se consignaba en la portada.También, en otro párrafo, se puntualizaba textualmente: "Alguien afirmó que ante esta circunstancia tan imprevista, fue declarado en la ciudad un "feriado popular". La mayor parte de los establecimientos educativos decidieron no dictar clases por la conjunta voluntad de alumnos y docentes que decidieron ocuparse más del fenómeno meteorológico que del álgebra y la ortografía".
Durante varios días no se habló de otra cosa en Mar del Plata. Hasta el "Yomagate" quedaba de lado. Las casas de fotografías trabajaban a destajo para poder satisfacer los pedidos, miles, mientras se lanzaban concursos para elegir las mejores imágenes.Tiempo de recuerdos
Quince años pasaron ¿Qué sucedía en la ciudad, el país y el mundo en aquellos tiempos? Recorrer el archivo puede activar recuerdos y, en otros casos, evidenciar que poco ha cambiado. La nieve era la "vedette" de las noticias, pero en LA CAPITAL de aquellos días uno podía leer noticias y avisos que invitan a la nostalgia.
* Carlos Menem era el presidente de la Nación y el plan de convertibilidad cumplía cuatro meses.
* Los más chicos se deleitaban con "El show de Xuxa" y "Las Tortugas Ninja" programas que se veían por canal 8, mientras que en el 10, a medianoche, "A la cama con Moria" se convertía en un clásico, al tiempo que en telenovelas, "Una voz en el teléfono" se imponía con comodidad. ¿Otros programas exitosos?. "Feliz domingo para la juventud", "La familia Benvenutto" y "Ritmo de la Noche", con Marcelo Tinelli.
* Boca ganaba el campeonato ante Platense, 3 a 1, con una recaudación de 420 mil dólares. Los "xeneizes" formaban con Navarro Montoya, Soñora, Simón, Hrabina y Moya; Pico, Apud, Tapia y Latorre, Graciani y Batistuta. Unos días más tarde, para definir al campeón del año que iría a la Libertadores, Boca caía ante Newells por penales en una tarde lluviosa. Los rosarinos eran dirigidos por Marcelo Bielsa, el mismo que le dijo no a Boca hace algunas semanas.
* En las páginas de "Espectáculos " se anunciaba en aquel agosto del 91, que estaba por estrenarse "Atame", de Almodovar. En el cine "América" podía verse "El silencio de los inocentes". Uno de los pocos cines que quedó en pie. Porque, por ejemplo, en el Nuevo Belgrano se proyectaba "Mujer Bonita", en el Luro, "Cuando Harry conoció a Sally", en el Gran Mar, "Highlander II", en el Regina, "El inquilino", en el Odeón, "Ghost, la sombra del amor", en el Ocean Rex, "Durmiendo con el enemigo", en el Diagonal "Rocky V" y en el Atlantic, "The Doors". Cines que no existen más.
* El supermercado "Elefante" promocionaba algunas ofertas. Los 100 gramos de jamón crudo se podían comprar a 20.900 australes (sí, australes), las galletitas "Criollitas" a 3.800, el puré de tomate a 4.650, la sidra a 11.100 y la damajuana de vino tinto a 40.500 australes. En cambio, "Aragone" ofertaba un minicomponente con doble casettera por 396 dólares, y una videocámara a 1.235 dólares.
* En Wimbledon, Steffi Graf derrotaba en la final a Gabriela Sabatini y en Mar del Plata, Alvarado se consagraba campeón del fútbol local, con "Pancho" Rago encabezando la vuelta olímpica.
* Angel Roig era el intendente de Mar del Plata, Independiente anunciaba que se retiraba Ricardo Bochini y las vacaciones de invierno en la ciudad se daban con mucho frío, como hoy.
* Daniel Scioli, hoy vicepresidente de la Nación, corría en Viarregio, Italia, con su espectacular lancha, mientras que Any Costaguta gritaba su sorpresa ante los medios, puesto que su esposo Bernardo Neustadt se casaba con Claudia Cordero Biedma.
* En fútbol, la Selección Argentina se coronaba campeona en la Copa América de Chile. En la final derrotaba a Colombia por 2 a 1. ¿Los titulares?. Goycochea, Basualdo, Vázquez, Ruggeri y Altamirano: Franco, Astrada, Simeone y Rodríguez, Batistuta y Caniggia. Aquel seleccionado era dirigido por Alfio Basile. Todo vuelve...
* Se anunciaba en aquellos días, mientras los Juegos Panamericanos comenzaban en Cuba, competencia previa a la que se concretaría en Mar del Plata en 1995, que en noviembre del 91 llegaría a Mar del Plata el "Kitty Hawk", un enorme portaviones de Estados Unidos. Luego llegaría la polémica sobre las miles de prostitutas de todo el país que se trasladarían a Mar del Plata para aquellas fechas -según varios diarios capitalinos-, aunque nunca llegaron. Un título de LA CAPITAL rezaba textualmente "El puerto marplatense en pésimas condiciones: abunda la chatarra de los buques hundidos".
* Para cerrar, algunos precios. Un chalet de 3 ambientes, con parque y cochera, a estrenar en el barrio Caisamar, costaba 26 mil dólares; un departamento de un ambiente, en Santa Fe y Moreno, 11.200 dólares, y alguien compraba en Playa Grande, un piso (3 dormitorios, dos baños, living, sauna, departamento de servicio), por 105 mil dólares. En materia de autos, un Renault 18 modelo 1983 (ocho años de uso), se conseguía por 8.900 dólares, un Citroen 72 a 1.350 dólares, un Taunus modelo 80 se vendía a 4.500 dólares y un Ford Sierra modelo 90 (un año en la calle) cotizaba a 17 mil dólares.
De tapitas y Cerebro mágico
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on 05 mayo 2008
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Me llegaron las dos fotos en un mail, y no dejé de recordar aquellos buenos tiempos donde juntaba y coleccionaba absolutamente de todo. Estampillas, marquillas de cigarrillos, figuritas, monedas y hasta tapitas de gaseosas. En aquellos años no había que guardar tres tapitas y pagar dos pesos para llevarse un vasito de plástico. No, estas que venían en la foto las recuerdo perfectamente.
Había de Hijitus, Cachavacha, Petete, El Buho, Hijitus, y otros personajes de aquellos tiempos. Los dibujos venían cubiertos por un "plastiquito" transparente y podrían pegarse en unos albumes que, completos, te hacían acreedor a un premio.
No en todas las casas se tomaba gaseosa, pero siempre había un mozo amigo, un empleado de un bar o un vecino que te las guardaba. Cuando recibías más de diez tapitas te sentías un súper héroe.
Ya más adelante pasé tardes enteras con el Cerebro Mágico. De un lado tenía preguntas y del otro respuestas.
Si tocabas una pregunta con un cable y la respuesta acertada con otro cable, se prendía una lucecita y te sentías un verdadero Einstein.
Más de una vez lo desarmé para intentar averiguar como funcionaba. Y ahí se perdió toda la magia de este juego educativo.Había preguntas de matemáticas, historia, geografía,biología, literatura y de interés general.
¿Cuál era el secreto?. A la pregunta de la primera fila a la izquierda le correspondía siempre la segunda respuesta de la última fila de la derecha y no importaba el cartón que pusieras. Los lugares eran fijos, y ante tus amigos tenían la oportunidad de lucirte y ganar siempre, no por conocer las respuestas sino el lugar exacto donde iba el cablecito de tu derecha.
Autoengañadome que era más inteligente que mis amigos del barrio fueron pasando lo meses hasta que la verdad quedó ahí evidenciada y el juego perdió todo su atractivo.
Entonces sí, aparecían otras alternativas aunque nada como salir a "callejear", con una pelota de fútbol o una "hondera" hasta que tu vieja se asomaba a la puerta de la casa para gritarte que estaba lista la comida.
No en todas las casas se tomaba gaseosa, pero siempre había un mozo amigo, un empleado de un bar o un vecino que te las guardaba. Cuando recibías más de diez tapitas te sentías un súper héroe.
Ya más adelante pasé tardes enteras con el Cerebro Mágico. De un lado tenía preguntas y del otro respuestas.
Más de una vez lo desarmé para intentar averiguar como funcionaba. Y ahí se perdió toda la magia de este juego educativo.Había preguntas de matemáticas, historia, geografía,biología, literatura y de interés general.
¿Cuál era el secreto?. A la pregunta de la primera fila a la izquierda le correspondía siempre la segunda respuesta de la última fila de la derecha y no importaba el cartón que pusieras. Los lugares eran fijos, y ante tus amigos tenían la oportunidad de lucirte y ganar siempre, no por conocer las respuestas sino el lugar exacto donde iba el cablecito de tu derecha.
Autoengañadome que era más inteligente que mis amigos del barrio fueron pasando lo meses hasta que la verdad quedó ahí evidenciada y el juego perdió todo su atractivo.
Entonces sí, aparecían otras alternativas aunque nada como salir a "callejear", con una pelota de fútbol o una "hondera" hasta que tu vieja se asomaba a la puerta de la casa para gritarte que estaba lista la comida.
