Aquella histórica visita de García Márquez




En un número publicado el 22 de agosto de 1967, la revista Primera Plana le dedicaba dos páginas a la visita a Buenos Aires del genial escritor Gabriel García Márquez. El colombiano recién acababa de editar "Cien años de soledad", era aún amigo de Mario Vargas Llosa -reciente Nobel de Literatura- y disfrutaba de su visita a la Capital Federal, donde nunca más volvió. Una crónica excelente, para disfrutar y recordar. Textualmente, en "Primera Plana", bajo el título "García Márquez tiene quien le escriba", se señalaba textualmente, hace 44 años, lo siguiente:

"Llevaba casi un mes sin dormir ni quedarse quieto, luego de haber metido toda su casa de México en un depósito de muebles, de haber llevado sus hijos a Bogotá, de volar a Caracas para conversar con profesores y académicos en un Congreso de Literatura, de caminar a trancos cortitos por los anfiteatros y aulas máximas de Caracas y Mérida y de soportar sudando casi treinta horas de vuelo mientras su mujer, Mercedes, escribía a su lado infatigablemente. A él, Gabriel García Márquez, siempre le endilgan los problemas prácticos, Mercedes es la literata de la familia. Al menos esa es la versión que Gabriel, Gabo, desliza en las orejas de sus amigos con socarrona malicia y que "a ti te la cedo para que seas el primero en publicarla. Yo te la firmo".
Sigue sin dormir desde que desembarcó en Buenos Aires, al amanecer del miércoles 16, con un saco cuyos colores enceguecen tanto que ningún profesor ni cazador de autógrafos se atreve, desde entonces, a acercársele. García Márquez lo usó en Caracas para ahuyentar a las turbas que se le echaban encima y le hablaban de su novela Cien años de soledad como si la hubiesen leido (habían llegado entonces contados ejemplares), se puso también su saco en Buenos Aires como pararrayos contra los periodistas, los estudiantes y sus grabadores.
Desde aquel miércoles no ha cesado de trabajar en la lectura de las 75 novelas presentadas para optar al Premio Primera Plana-Sudamericana, de releerlas minuciosamente a las 5 de la mañana, a las 7, a la medianoche, de tomar notas y apuntes para poder discutir "en igualdad de condiciones" con los otros dos jurados: Leopoldo Marechal y Augusto Roa Bastos. El 28 de agosto anunciarán su fallo.
Mientras tanto, se rasca el pelo crespo y echado sobre la frente y mira las vidrieras de las librerías para entender cómo Buenos Aires, "una ciudad a la que no le descubro las mañas", pudo agotar en tres semanas la primera edición de Cien años de soledad, cómo el sarampión de la literatura latinoamericana ha podido infectar de tal modo los taxis, las mesas de los cafés y las tiendas de señoras por donde vagabundea Mercedes, en los intervalos entre una carilla y otra de su próxima novela.
Quizá no vuelva a México, donde vivió sus últimos seis años, engendró un hijo y escribió una decena de guiones cinematográficos. Ha resuelto darse unas vueltas por las capitales de Sudamérica, Montevideo, Asunción y Lima, antes de quedarse otro mes en Bogotá y de embarcarse rumbo a Barcelona. Allí se establecerá por un par de años "porque la ciudad queda a orillas del mar, es barata y porque mientras no me llene de amigos habrá la paz debida para escribir otra novela". Pero no aclara quién escribirá esta vez El otoño del patriarca, si él o Mercedes; quien deberá luego de publicado ese otro libro, encararse con los profesores, los académicos y las cazadoras de autógrafos.
Renuente a cualquier formalidad -incluida la de los reportajes- Gabriel García Márquez prefirió contestar a las preguntas salteadas que le formularon durante cuatro días los redactores de Primera Plana con una carta veloz, antisolemne, cuyo estilo fuese el de sus conversaciones y no el de los libros que escribe su mujer. Este es el texto:



"Inolvidable, amigo Vargas Llosa"

"En el avión de México a Caracas se me sentó al lado un lector entusiasta, y me dijo sin pudores de ninguna clase: "Usted es el mejor novelista de lengua castellana". Me sentí tan halagado que hice destapar champaña para agradecer el cumplido, mientras el admirador seguía abrumándome con sus elogios. Al despedirse de mí, en Caracas, el hombre me dio un gran abrazo, diciendo: "Este ha sido un viaje inolvidable, amigo Vargas Llosa". Lo primero que hice al encontrarme con Mario, por supuesto, fue cobrarle la champaña. Esa misma tarde, una muchedumbre de fanáticos lo asaltó a la salida del hotel, en Caracas, y se llevaron pedazos de su camisa como reliquias sagradas. Le pregunté a uno de los asaltantes cuál era el libro de Vargas Llosa que más le había gustado y me contestó sin vacilar: Rayuela. Otro día, un lector me pidió que yo le dedicara A sangre fría, de Capote, y como yo protestara, me explicó: "Es que lo que me interesa de usted no son sus libros sino su autógrafo".
Esta es la clase de problemas que ahora arrastramos por el mundo los novelistas latinoamericanas. Yo estoy seguro de que todo este alboroto lo inventó la CIA para impedir que salgamos del subdesarrollo literario. De veras. Antes, nuestra única misión en la tierra era escribir. Ahora no nos queda tiempo, a causa de tantos autógrafos que tenemos que firmar y tantas declaraciones y entrevistas que tenemos que conceder.
Ante esta situación, no me queda más remedio que revelar un secreto: quien escribe mis libros es mi mujer, pero le parecen tan malos que le da pena firmarlos. Yo le hago el favor, y ella lo considera como la mayor prueba de amor que le he dado.
Pero aunque de veras fuera yo quien escribiera esos libros, no veo por qué tengo que ser asaltado en la calle para que haga declaraciones. En realidad, lo que el escritor quiere decir, lo dice en sus libros y nadie debe esperar que agregue algo más en la prensa, la radio o la televisión. Además, para acabar de poner las cosas en claro, yo no veo dónde está lo que ahora se llama "la nueva novela latinoamericana". En realidad, todo esto es muy viejo: Onetti, Carpentier, Rulfo, Cortázar, Fuentes, yo mismo, somos mayores de 40 años y estamos escribiendo y publicando desde hace más de 20 años. El único joven es Vargas Llosa, y no me parece justo que todos tengamos que cargar esa culpa, que en realidad le corresponde únicamente a él. Si los críticos y los periodistas no se habían dado cuenta de que existíamos, eso es problema de ellos. Yo, personalmente, les agradezco el interés tardío, pero no estoy dispuesto a prestarme para que ellos recuperen el tiempo perdido.

"Un libro con tanto público debe ser muy malo"


Este alboroto me ha creado una grave confusión. Cuando leí Cien años de soledad estaba convencido de que era el mejor libro que había escrito mi mujer; ahora tengo serias dudas, ante la voracidad con que lo están comprando en todo el continente. En Colombia, un librero recibió un pedido de 100 ejemplares, y no alcanzó a ponerlos en su librería, los empleados de la Aduana, que abreviaron los trámites de importación, los compraron todos. Eso me resultó profundamente sospechoso: un libro con tanto público debe ser muy malo. Ya le he dicho a mi mujer que el próximo lo escriba a la manera de Robbe-Grillet, para que nadie lo entienda. Así tendremos la absoluta seguridad de que el libro es bueno.
¿Buenos Aires? No sé: hasta ahora, lo único que he podido observar es que uno se siente aquí como si estuviese metido dentro de un libro de Cortázar. Ayer vi un hombre con una gran bufanda amarilla que detuvo un taxi, se metió por la puerta derecha a toda prisa y con una terrible cara de angustia, y enseguida salió por la puerta izquierda con la expresión radiante de quien ha llegado puntual a la cita. No hay duda: desde su exilio de París, Cortázar sigue siendo un escritor profundamente argentino. En cuanto a lo que pienso de Buenos Aires, sólo podré decirle cuando me vaya; yo conozco las ciudades por la clase de nostalgia que me dejan. En París viví cinco años y los único que recuerdo es el olor a espuma de coliflores que tienen las escaleras de los hoteles. De Roma sólo recuerdo el color de la luz. De Moscú sólo recuerdo una chica que a las dos de la madrugada, en la desierta Plaza Roja, me mostró una tortuga que movía la cabeza. Desconcertado, le pregunté: "¿Es de plástico o está viva?" Y ella me contestó: "Es de plástico, pero está viva".

Aquellos programas inolvidables




El libro, editado por el ministerio de Educación de la Nación, se llama "Los medios para chicos, una historia centenaria", y para todos aquellos que superan los 30 años
es un placer recorrer sus páginas.
El objetivo de estas líneas es compartir algunas de sus referencias, en este caso, sobre los años 70.




EL TOPO GIGIO
Canal 11 - 1968

Topo Giggio era una marioneta de la televisión para chicos, que interpretaba un ratoncito italiano. Fue creado por María Prego en 1958 y su primera aparición en la TV fue en 1959 en el programa italiano Canzonissina. En la Argentina comenzó como emisión televisiva en 1968.
Este ratoncito de espuma de goma y camiseta rayada, de pestañas y bigotes igualmente largos, debutó en el programa "La Galera" dirigido por David Stivel. Allí dialogaba con Juan Carlos Mareco (Pinocho), contaba historias y cantaba canciones como " la camita...", "En un bosque de la China" y "Quiero ser como mi papá".
El Topo Gigio era manejado por varias personas vestidas de negro (que movian sus patitas, orejas y brazos). Este ratoncito se disfrazaba de diferentes personajes y estaba siempre acompañado por una contraparte humana. Después de su debut en Canal 11, Topo Gigio ganó un espacio en un programa propio: "El show del Topo Gigio", en Canal 13.
Era famosa también su "caída de ojos", cuando le daba verguenza algo o quería conseguir alguna cosa.

Dato curioso: No era un topo...
* Algunos espectadores creían que Topo Gigio era un topo. Sin embargo, era un ratón, que en italiano se dice topo.
* Cuando debutó Topo Gigio en La Galera, el programa pasó de medir 4 puntos a... ¡36!
* A partir de su personaje televisivo se crearon muñecos que se vendieron por millones en todo el mundo.


MARGARITO TERERE
Canal 2 - 1970

Margarito Tereré fue un personaje infantil, creado en la década del 70 por el músico y compositor Waldo Belloso y su esposa, la poeta Zulema Alcayaga (Jovita). Margarito era un yacaré correntino buenazo, con sombrero de gaucho y una margarita en la cabeza, que iba tomando tereré. Mientras caminaba daba vueltas sobre si mismo pidiendo: "¡Cha! ¡Qué no me pisen la cola!"
Se veía siempre envuelto en aventuras con sus amigos: el mono Capote, el cartero, el pato Corbata Cuá, Cara de Hoja, Barba Larga y Misia Pataca.
Durante más de quince años hizo las delicias de los chicos a través de un programa diario de televisión, un largometraje en 1978 y varias obras de teatro. Margarito Tereré siguió hasta los años 80.


"FELIZ DOMINGO"
Canal 9 - 1970

Desde 1970, Feliz Domingo hacía soñar a los estudiantes secundarios con la posibilidad de viajar a Bariloche. El programa que iba los domingos de 15 a 20 hs. por Canal 9, proponía a los estudiantes llegar a la final atravesando diversas pruebas vinculadas con las diferentes ramas del arte y el conocimiento.
Para ganarse el viaje, los alumnos de los colegios que competian, debían demostrar sus habilidades, y así acceder a alguna de las tantas llaves que abría el cofre que los podia conducir a Bariloche.
Prendas como el Yo sé, Camino al Oscar, el Repechaje y el Ping Pong de preguntas y respuestas, podían llevar a la última instancia: "el cofre de la felicidad". Si se sacaban la llave, el sueño se haría realidad. Y su conductor Silvio Soldán saltaba festejando con los compañeros que salían corriendo a abrazar al héroe.
Feliz Domingo, sin embargo, no empezó como un programa de estudiantes secundarios. En realidad se inició como Domingos de mi Ciudad (un programa ómnibus para jubilados, en el que se regalaba un auto usado). La conducción era de Orlando Marconi y la producción de Gerardo Sofovich. Al cabo de un tiempo Gerardo deja el programa y llaman a Silvio Soldán para conducirlo junto a Marconi.
"Un día -cuenta Soldán- la tranquilidad del estudio se ve conmovida por la entrada de una veintena de pibes que hacían una batahola impresionante. En ese momento entregábamos un auto usado como premio mayor, con un método parecido. Habia una bandeja con llaves para los finalistas, que elegian una y la que abria la puerta se llevaba el coche".
"Al domingo siguiente -dice Soldán- vinieron dos colegios e hicieron más lio que los anteriores. Orlando decidió hablar con los chicos para preguntarles por qué habían venido. Le respondieron: "queremos scarnos el auto, así hacemos una rifa, lo sorteamos y con eso nos vamos a Bariloche". Ellos le daban mucha energía al programa, así que dejamos a los jubilados de lado y así empezó Feliz Domingo, para la juventud".

Dato curioso; a pesar de los años....
* Feliz Domingo dejó innumerables frases para recordar. Algunas de ellas fueron: "La cinta, Gonzalito", Treinta segundo, sin repetir y sin soplar... comenzando ya", "Nombre y colegio", "Feliz domingo para todos", "Gracias a los profesores que nos cedieron las horas", "Con la muesquita para abajo (refiriéndose a la llave que abre el cofre de la felicidad), "Abrió, abrióooo". "Los dos a la final".
* Las cifras de Feliz Domingo siguen impresionando aún hoy:
Años en pantalla: 28
Programas emitidos: 1.456
Chicos que viajaron a Bariloche: 45.000
Chicos que fueron al programa; 580.000
* Silvio Soldán condujo el programa durante 24 años, desde fines del 69 hasta 1994. El ciclo llegó a medir 40 puntos de rating y a tener emisiones de doce horas, de 10 de la mañana a 10 de la noche.


SOTANO BEAT, MUSICA EN LIBERTAD, ALTA TENSION
Canal 13 y Canal 9 - 1970

Las troupes de chicas y chicos modernos que bailan los temas musicales más populares de la época están en 1970, a la orden del dia. El primer programa de este tipo fue "Sótano Beat" (Canal 13). Iba los viernes a las 20.30 y contaba con un equipo de animadores: Fernando Dick (del duo Bárbara y Dick), Charli LeRoy, Liliana Caldini, Leonardo Simons, Alicia Badaracco, Leticia y Amelie.
Simons pronto abandona esta conducción y pasa a competir con un ciclo similar de enorme éxito. "Música en Libertad" por Canal 9, junto a Maisabé. El programa instala la nueva moda femenina: minishorts y botas blancas, pantalones con pata de elefante, delineador y pestañas postizas. Los jóvenes y desconocidos Silvana Di Lorenzo, Raúl Padovani, María Esther Lovero y Christian Andrade se hacen famosos casi de la noche a la mañana y emprenden una carrera como cantantes.
"Alta tensión", conducido por Fernando Bravo en Canal 13, hereda el público de Sótano Beat. Se emite los sábados a las 2 de la tarde.

Dato curioso: Se postularon...
* La historia cuenta que Susana Romero había golpeado a la puerta de uno de los galanes de la "barra macanuda" -mote del grupo-. para que le tomaran una prueba. Carlos Regueiro, el coreógrafo, la acepta. Y con ella, a otra joven flaquita que se presenta al casting en los estudios de RCA. Es Susú Pecoraro, acompañada por un novio que quedó afuera de la selección por "patadura". Susú Pecoraro permanece apenas dos programas (De Estamos en el aire).


PIPO PESCADOR
Canal 13 - 1972

Pipo Pescador, es Enrique Fischer, músico y actor para niños que nació en Gualeguaychú, Entre Rios. Su apellido artístico es justamente una traducción de su propio apellido, de origen alemán. Al principio trabajaba en jardines de infantes de la ciudad de La Plata, hasta que en 1972 tuvo su propio programa televisivo en Canal 13. El origen de este programa lo cuenta él mismo:
"Yo venía con una idea muy clara: tenía mi acordeón, mi boina entrerriana, mis chalecos de colores. Pipo Pescador reflejaba una mezcla del hippismo de la época. Al principio me presentaba como Pipo Fischer. Y sonaba raro, no tenía gracia para los chicos. Hasta que un día se me ocurrió que la traducción literal de mi apellido quedaba muy bien: Pescador tenia que ver además con el río y el litoral donde nací. Tanto fue así que después, en los programas de Canal 13, usé cañita de pescar".

Dato curioso: Política
* El programa fue un éxito televisivo hasta 1980, cuando lo sacaron del aire los militares que gobernaban el país. Pipo Pescador tuvo que irse de la Argentina y regresó en 1984, con el retorno de la democracia.


EL LIBRO GORDO DE PETETE
Canal 13 - 1972

Petete fue un personaje de historieta creado por Manuel Garcia Ferré. Era un pequeño pinguino proveniente de la Antártida, de color marrón claro, con la cara y el abdomen amarillo, un gorro de lana con pompón y un chupete colgando del cuello. Fue muy exitoso en la década de los 70, no sólo en Argentina sino en España y Latinoamérica. Compitió con el mismísimo Topo Gigio.
Al finalzar la emisión, decían los dos, presentadora y muñeco: "El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene, y yo te digo contenta, hasta la clase que viene".
Petete, como peluche aparecía en la televisión con una joven presentadora y mostraba un corto para chicos de aproximadamente 1o 2 minutos. La dinámica del progrma consistia en la interacción del personaje con su secretaria de turno (entre las que se recuerda a Blanquita y Gachi Ferrari) y las canciones pegadizas del personaje. Se cantaban temas de conocimiento general que eran explicados en forma breve y amena a través de simples y claras animaciones. El programa mostraba información de una enciclopedia que daba nombre al programa: El Libro Gordo de Petete.

Dato curioso: El libro
* Después del éxito enorme de Anteojito cuenta Manuel Garcia Ferré, su creador, quise hacer una historia de conocimiento para televisión. En Canal 13 querían ponerle "Libro del conocimiento" o "Libro de la sabiduría", pero yo quería algo más popular y por eso propuse "El libro gordo de Petete".
* Petete fue una de las producciones más vendidas en todo el mundo. Se realizaron 400 capítulos, con temas muy diversos. Entre ellos, se destacaron: cómo funciona el cerebro, qué es el plano inclinado, los continentes flotan y el lenguaje de las abejas.


"PAPÁ CORAZÓN"
Canal 13 - 1973

Escrita por Abel Santa Cruz, fue la primera telenovela infantil. Contaba la historia de Pinina - Andrea del Boca- una niña muy pequeña, huérfana de madre, criada por su padre (Norberto Suárez) a quien adoraba y su tía. Pinina vive en un internado donde protagoniza sus travesuras y genera todo tipo de enredos. La niña cuenta además con el afecto y la complicidad de las madres superioras del colegio. Pinina recibe con frecuencia la visita de su madre ya fallecida, que regresa al altillo de su casa para aconsejar y ayudar a la niña. A lo largo de la historia, Pinina logrará que su padre forme una nueva familia. La telenovela consiguió un alto rating y años más tarde, dio lugar al filme "Papá Corazón se quiere casar".

Dato curioso: Premios y quejas
* Con sólo 4 años, Andrea del Boca recibió el Premio Martín Fierro como revelación del año.
* "Papá Corazón", generó mucha polémica durante su emisión. Aparecían casos de chicos huérfanos que trataban de hablar con su madre muerta en terrazas y altillos y se angustiaban porque su mamá no hablaba con ellos, como con Pinina". Las quejas de la Asociación de Psiquiatría y de Pediatría hicieron que el autor decidiera eliminar el personaje de la madre antes de que terminara la telenovela.

Más sobre los juguetes argentinos







Finalmente, puede conseguirse ya en Mar del Plata el excelente libro de Daniela Pelegrinelli, "Diccionario de Juguetes Argentinos", infancia, industria y educación 1880-1965.
Editado por "El Juguete ilustrado editor", se trata de un trabajo impecable donde prácticamente se hace referencia a todos los jugutetes que en casi un siglo pasaron or las manos de los argentinos.
Se señala en dicho trabajo que "los juguetes ingresan en la vida cotidiana de los niños con una función de transmisión que, si bien no les es exclusiva, contribuye a imprimir en los que acaban de llegar al mundo una serie de pautas sociales y culturales. Su uso, las convenciones que determinan su flujo en el interior del universo infantil, las prescripciones que guían la actitud de los adultos respecto de ellos moldean las innumerables situaciones de juego, de consumo y de sociabilización que se tejen en torno de este objeto que ha contribuido a nombrar la infancia desde hace varios siglos".



"Sin duda -señala Pelegrinelli-, los juguetes anudan significados entre las generaciones y crean identidad entre individuos de una misma generación, simbolizan y encarnan un clima de época, la visión que una sociedad tiene de su presente y de su futuro y el lugar que los más jóvenes ocupan en ese proyecto. Como objetos de un pasado siempre embellecido por la nostalgia, se reinscriben en un nuevo mercado: atraen a los coleccionistas y quedan atrapados en la lógica de la colección. El coleccionismo permite que muchos juguetes sean conservados, pero también echa al olvido a otros, desvalorizados por no tener un lugar previamente asignado en las colecciones. Ni ingenuo ni sujeto al gusto del mercado coleccionista, este trabajo recupera juguetes ignorados y fábricas pequeñas, se resiste a valorar sólo aquello que ya sido valorado, rescata historias y detalles. Toma al juguete enlazado indefectiblemente a los procesos que impulsa, el mensaje que transmite, el juego que suscita, la infancia que describe y conforma y por esa razón prefiere, por ejemplo, designar transferencia de tecnología o adaptación a lo que el coleccionismo suele llamar copia. Si entre los juguetes que fueron fabricados en el país se pueden contar con los dedos de una mano los absolutamente originales, no es menos cierto que entre la copia exacta y la absoluta originalidad se extiende un vasto territorio de variaciones, adaptaciones, metamorfosis, ajustes, correcciones y transformaciones leves o profundas".
Asimismo, apunta que desde la perspectiva patrimonial o histórica, "todos los juguetes son igualmente memorables y su valor deja de ser igual a su precio. Así como tampoco se puede establecer de antemano qué juguetes son mejores o peores en ese momento en que el niño establece al jugar con ellos una relación eventual y plena de libertad donde no cabe instituir ningún tipo de jerarquía".



En tanto, remarca la autora del excelente diccionario que "como objeto producido por la actividad humana, cada juguete es un documento, porta información sobre las acciones que han recaído sobre él para fabricarlo, hacerlo circular y usarlo. Esos procesos han dejado sus huellas y nosotros podemos, a fuerza de observación y análisis, descubrir lo que nos dicen respecto de necesidades y relaciones humanas, de costumbres y creencias. Pero, sobre todo, podemos llegar a vislumbrar cómo era la vida de los niños que vivieron antes que nosotros".



Mi juguete favorito, un libro para recordar




En estas fiestas de fin de año, con los regalos de Navidad y de Reyes, aparecen los recuerdos, inexorablemente, de los juguetes de nuestra infancia, de las vivencias de aquellos días.
En este sentido, acaba de editarse "Diccionario de juguetes argentinos", de Daniela Pelegrinelli, un libro realmente excelente trabajo. Se trata de una investigación que
le demandó una década de trabajo donde se repasa también la trayectoria de una industria que fue metáfora de un país en busca de su propia madurez.

 






 


Como bien se publica en el diario digital Notife,
Pelegrinelli es Licenciada en Educación y ha curado varias muestras. Su enfoque tiene que ver con la sociología de la cultura. “Una sociedad se expresa en los juguetes que fabrica y en los juegos que promueve u obtura”, opina. En realidad, se metió en el asunto porque quería investigar ciertos aspectos de la infancia argentina durante el siglo XX, y se encontró con que había enormes vacíos bibliográficos. “Entonces tuve que armar mi corpus, porque en lo que se refiere a los juguetes nacionales no había casi nada escrito”, cuenta.

 






 


Lo que redactó no se agota en la pesquisa académica. Son trescientas páginas que vuelven a traer las ronchas que se marcaban en aquel que atajara una pelota Pulpo, el latifundismo que campeaba por los tableros de El Estanciero, el ruido de las bolitas rebotando en las baldosas escolares y tantas otras sensaciones enterradas por el calendario (o la tristeza). La cronología arranca con la apertura de la fábrica de caballitos de madera de Pedro Bellotti, en 1880. El otro límite lo determina el año ’60, con algunos comentarios que llegan incluso hasta el ’65. Se explica en ese portal que para Alejandro Macchiavello, hijo del creador de los célebres autitos Duravit, Pelegrinelli se metió en un territorio que “que nadie había explorado”. En conversación con Página/12, el empresario habló del encuentro que la autora tuvo con Ricardo Alberto, su padre. “El viejo no atiende a nadie, pero se dio cuenta de que Daniela sabía muchísimo. Le pregunté qué tal le había ido en la entrevista y me contestó que ‘la piba sabía más de la empresa que nosotros mismos’. El tiempo que debe de haber dedicado a rastrear archivos y testimonios no tiene nombre”, admitió.
Por supuesto que recopilar datos fue difícil, porque la época de oro de la industria fue allá por los años ’40. Durante el peronismo, por ejemplo, la Fundación Eva Perón repartía juguetes para más de la mitad de los chicos argentinos: de dos a tres millones de piezas para una población infantil que rondaba los 4,5 millones. Después vino una lenta decadencia que terminó de definirse en los ’90, para repuntar con la devaluación. La incógnita era si quedarían testigos vivos de aquellos períodos de gloria. Y sí, quedaban. Cual detective de historieta, Pelegrinelli debió ubicar a los jugueteros relegados para tomar mate con ellos, hacerles preguntas e ir integrando cada retazo de experiencia en el rompecabezas final.
A lo largo de 305 páginas, Pelegrinelli comparte lo que fueron 10 años de investigación. Ella es licenciada en ciencias de la educación y docente de Flacso. La forma de su libro: de la A a la Z, como un delfín, enumera marcas y juguetes. Y el contenido bucea profundo: hace una ronda entre las pautas de crianza, las corrientes educativas, la valoración de la infancia como edad privilegiada, la influencia de la clase media cada vez más urbana y con plata, las obreras y los artesanos que protagonizaban el nacimiento de la industria nacional, el impacto de la Primera y la Segunda Guerra en este mundo, los tiempos en que los juguetes eran sólo para la escenografía de la foto.


Los 50 años de Canal 8



En estas horas, Canal 8 de Mar del Plata, medio muy ligado al sentir marplatense, celebra sus 50 años.

Deportea acaba de editar una publicación dedicada integramente a este aniversario. Uno de los artículos,

"Estamos en el aire", escrito por Julia Drangosch y Mariana Vasile analiza parte de esta historia que se reproduce a continuación

"Estar en el aire es crear rutas en el cielo y llegar por el rectángulo luminoso de la pantalla, al pensamiento y la emoción del hombre".

Hace cincuenta años, Marcelo Olivari, quien era el director artístico de Canal 8 al momento de su inauguración, resumía en estas palabras lo que representó un antes y un después en la historia de Mar del Plata.

Los diarios locales del 19 de diciembre de 1960 reflejaron en sus páginas lo que significó la llegada de la televisión a través de la apertura oficial de Difusora Marplatense LU86 Canal 8. La edición de aquel día del diario LA CAPITAL

expresó en sus líneas que este acontencimiento "adquirió una resonancia particularísima, cual la que distingue a aquellos hechos que en su hora, van señalando y estableciendo hitos que demarcan la historia de los pueblos". De esta forma comenzaba un capítulo inédito y original en los medios de comunciación de la ciudad. Retrocediendo hacia mediados de la década del cincuenta, la realidad era opuesta a lo que hoy es habitual. Desde un punto de vista cultural, el entretenimiento nada tenía que ver con la teconología como sucede ahora.

A principios de los sesenta la ciudad tenía cerca de 250 mil habitantes. La relación existente entre los marplatenses y los televisores era insignificante, ya que los aparatos tenían un costo muy elevado.

Aquel 18 de diciembre, personalidades y autoridades muy importantes de la ciudad y de Buenos Aires asistieron al acto, del mismo modo en que lo hicieron todos los marplatenses, quienes tenían gran expectativa, sobre todo por la incertidumbre que esta novedad provacaba.

El entonces presidente del directorio de Canal 8, Carmelo Catuogno, reflejó en sus palabras lo que muchos sentían: "A partir del día de hoy a Mar del Plata le alcanza el por cierto significativo privilegio logrado en su favor debido a la iniciativa y el consiguiente esfuerzo puesto a tal fin, por un reducido grupo de hombres que siente verdadero apego por la ciudad y preocupación por su progreso". Además, Catuogno resumió de forma simple y breve, un suceso que sería enorme: "Difusora Marplatense S.A., por medio de su Canal 8, a partir de hoy se pondrá al servicio de los habitantes de Mar del Plata y de ciudadaes y pueblos vecinos hasta donde ha llegado su señal, cuyos televidentes gozarán de amenos programas que llevarán a sus hogares no sólo entretenimiento sino también enseñanza y cultura, que procurarán deleite a padres, hijos, abuelos y nietos".

Es difícil imaginar hoy una vida sin un televisor en cada casa, o incluso varios aparatos en un mismo hogar. Pero en ese momento, el televisor era un privilegio de pocos y ese particular instante en que el aparato encendía su magia solía ser, también un momento de reunión. Los vecinos de la cuadra y los parientes se juntaban en la casa del que tenía esa comodidad. Los que caminaban por las calles marplatenses se paraban en las vidrieras de las tradicionales casas de artículos del hogar sólo para mirar las transmisiones. Algo estaba cambiando y, sin darse cuenta, Mar del Plata fue modificando sus hábitos y costumbres y amoldándose a una nueva manera de comunicarse y, también, de relacionarse. Matilede Uzquiano -"Tilde"- quien fue y continúa siendo una figura emblemática de los inicios del canal, recuerda que la televisón era una novedad para el televidente, pero también para los locutores. "Yo me enfrenté a la cámara sin saber qué era lo que tenía que hacer", reflexiona.

Esta idea de estar "del otro lado" era lo que creaba, en cierto modo, una fascinación en los que recibían la imagen. Aparecer tan sólo un minuto en la pantalla significaba un reconocimiento automático en la gente. Todos esos personajes eran recibidos por la gente como un familiar más, un amigo más, ya que, día a día, les permitían la entrada a sus hogares a través de la magia que tenía la televisón.

"Fabricaremos sueños y aventuras -los eternos juguetes del alma- para solaz espiritual de grandes y pequeños", decía en su discurso inaugural Marcelo Olivari.

Con el tiempo, esos sueños y aventuras fueron poco a poco adentrándose en los anhelos de cada uno de los ciudadanos y lograron que Canal 8 se estableciera como una señal televisiva emblemática a nivel nacional.



La Plaza Rocha, una cita obligada los fines de semana




A quienes les gustan los libros viejos, las revistas de antaño, herramientas, radios, tocadiscos, frascos o ropa vintage, tienen su espacio los fines de semana en la plaza Rocha de Mar del Plata donde se levanta una feria que ya constituye un espectáculo para todos los gustos.
La Plaza Rocha se convierte en una especie de gran anticuario al aire libre, dónde se pueden conseguir desde discos de vinilo hasta juegos de copas de cristal con todas las piezas, pasando por herramientas de todo tipo y merchandising de gaseosas de décadas pasadas. Los precios son tan variados como los productos mismos, partiendo desde los $5 hasta alcanzar un techo de $300, siempre teniendo en cuenta que se puede apelar al regateo.


Como bien se reflejaba en una nota publicada por LA CAPITAL días atrás, la manzana comprendida por las calles XX de Septiembre, San Martín, 14 de Julio y la avenida Luro se convierte -de viernes a domingo, desde las 10- en una gran feria anticuario con múltiples posibilidades a la hora de comprar recuerdos, adornos o artículos usables en la vida cotidiana.


Así como sucede en San Telmo, o en los Mercados de Pulgas de las grandes capitales mundiales como Madrid o Londres, Mar del Plata también ofrece la posibilidad de adquirir artículos usados de distinta índole a precios accesibles.
En alguno de los más de 40 stands instalados allí, se pueden conseguir libros de todas las variantes y con una diversidad de autores digno de cualquier librería. Los precios parten desde los $10, dependiendo del tema y autor, ya que todos se caracterizan por su buen estado. Incluso, en materia de encuadernaciones, es posible conseguir la guía telefónica de "la Feliz" de 1973, cuando todavía las telecomunicaciones eran públicas y estaban a cargo de Entel.


Los juegos de cubiertos, de acuerdo a la cantidad de piezas que conlleven, cotizan desde los $20, mientras que se pueden encontrar joyas de cristal a precios escasos, como la oferta de un juego completo de copas de 26 unidas a $40. "Lo remato", describió Luisa, encargada del stand que lo ofrece, ubicado por San Martín.
Las porcelanas también están en distintas formas, ya sean adornos, platos y tazas, los cuales se venden de manera individual o en los juegos completos. También hay juegos de té en miniatura, cuya cada pieza cuesta entre $15 y $20.
Los artículos de bronce se pueden encontrar en distintos stands, ya sean en forma de llamadores, llaveros, ceniceros y hasta algún picaporte trabajado que denota su antigüedad. Los mismos tienen un piso presupuestario de $23, aunque quienes los comercializan escuchan propuestas y ofertan en caso de llevar varios elementos.
Como no podía ser de otra manera en una ciudad con el litoral marítimo como Mar del Plata, las reminicencias marineras se presentan en distintas formas de ornamentaciones para la decoración del hogar, con la posibilidad de encontrar hasta un salvavidas de mediados del siglo pasado.



Variedad
Pero sin dudas, los juguetes y miniaturas son los más destacados a lo largo de todo el paseo. Así, se pueden encontrar puestos específicos de muñecos, especialmente de pequeñas dimensiones, ya sean colecciones de los dibujos animados Simpsons o de figuras de Disney de la década del `70. También se pueden encontrar las figuritas de los chocolatines Jack y hasta los más modernos de los huevos Kinder.
Las antiguas muñecas de porcelana también suelen aparecer, aunque están dispuestas un tanto alejadas de los paseantes y son tratadas con sumo cuidado ante el inmimente peligro de rotura.
Asimismo, en materia de merchandising a la venta gana la competencia la gaseosa Coca-Cola, entre los que se pueden encontrar desde botellas en miniatura de colecciones que datan de la década del ´80, hasta las "lancheras" de los pasados `90.
Los discos de vinilo también tienen su espacio, dispuestos en distintas cajas en varios de los stands, con título nacionales e importados, teniendo un piso de $15.
Así como hay botellas, también se pueden encontrar sifones, ya sean de adorno -los cuales datan de más de 40 años- o los tradicionales plateados de marca Drago, los cuales pueden ser utilizables al día de hoy.
Otras de las reliquias están personificadas en las cámaras de fotos, muchas de ellas automáticas Polaroid, y hasta alguna Leika de más de medio siglo de antigüedad, que se pueden llevar desembolsando $40.
Las lámparas y veladores también constituyen una interesante oferta, con todos los tamaños, formas y diseños, cuyos precios pueden ascender hasta los $290.
Las herramientas también cuentan con su espacio, ya sean de adorno o para realizar distintas actividades, entre las que se pueden encontrar llaves francesas de grandes dimensiones hasta el conjunto de llaves tubo a razón de $50 la caja.
La feria constituye un paseo ideal para un día con clima primaveral, ya sea por necesidad de comprar algo o por el simple hecho de caminar y observar piezas de antaño al alcance de la mano.
El primer pedido de instalación del Mercado de Pulgas se realizó en octubre de l993, fue denegado, y en la segunda oportunidad (diciembre del mismo año) se aprobó el proyecto en el Concejo Deliberante local. La ordenanza logró aprobarse en diciembre del año siguiente.
Pero recién en febrero de 1996 se inauguró la feria, con sólo 13 puestos, luego fueron 15 y hacia fin de mes se completaron los 30 previstos en la primitiva ordenanza.
En los comienzos se trabajaba de noche, pero sin luz, por lo que los permisionarios debían proveer su propia iluminación en base a velas, o elementos de gas, kerosene o pilas.
Cuando lograron cambiar el horario, de 11 a 18, lograron mayor convocatoria. La mercadería que se ofrece, de acuerdo al reglamento, debe ser usada y tener por lo menos 30 años de antigüedad, aunque esto es muy relativo y no se incluyen ropa ni productos alimenticios.
Vale la pena recorrerla. Siempre se encontrará algo como para llevar a casa

De tocadiscos y neveras...





De tocadiscos y neveras...

La revista Selecciones es de febrero de 1948. Alguien se tomó el trabajo de scanear sus avisos publicitarios y difundirlos a través de uno de los tantos "mails melancólicos" que circulan por internet. Sin embargo, vale la pena detenerse en algunos de esos mensajes publicitarios.
Entre otros, se resalta la importancia de la pluma y lapicera marca "Evershap", para "lucirlos en el bolsillo de la camisa", la Parker 51, o los relojes Bulova, que eran "precisos y elegantes".
La nevera de "Noge", la brillantina Palmolive y el tocadiscos Philco, también tienen sus páginas de publicidad en esta Selecciones que supo vender millones de ejemplares en el mundo enter.
También se resaltan los atributos de la radio "Zenith", para escuchar Tarzán, al tiempo que imperdible resulta el aviso de los trajes de baño femeninos. Un lindo ejercicio el de revisar las viejas revistas. Esta vez, la melancolía llegó a través de los avisos...