No puedo creer que esté escribiendo sobre el walkman como una antiguedad. A 30 años de su creación no hay dudas: es una antiguedad.
Cuando apareció en el mercado parecía algo increíble. Uno podía salir a la calle y escuchar música de su casette. Con la lapicera me cansé de rebobinar casettes para no gastar tan rápidamente la pila...La cosa es que el walkman acaba de cumplir 30 años.
No existía Wikipedia, que hoy define al walkman como un "reproductor de audio estéreo portátil lanzado al mercado por la compañía japonesa Sony en 1979. El primer modelo fue el TPS-L2. De este modelo y sus posteriores revisiones, Sony vendió millones de unidades, aunque cuando apareció, pocos podían permitirse uno debido a su elevado precio. El walkman permitía obtener calidad de sonido, similar a la de un equipo casero, sin ser tan voluminoso. La amplia difusión del walkman también cambió radicalmente el negocio de los tocadiscos y le dio el primer golpe al disco de vinilo, ya que el casete era más fácil de reproducir y más económico. El walkman es todo un símbolo de los años 80".
-¿Ese es tu walkman? ¡Qué moderno que és!"...Como olvidar esa frase de Charly y Pedro Aznar, al iniciarse "La peluca telefónica". El walkman nos acompañó a muchos.
A Andreas Pavel, inventor alemán-brasileño, se le atribuye la invención del primer reproductor de audio estéreo portátil en 1972. Pavel estudió filosofía y participó en varios movimientos intelectuales y creativos, era un gran amante de la música y el hecho de que se desplazara constantemente le llevaron a idear su "cinturón estéreo". Durante la dictadura militar se exilió en Europa, intentó vender su idea a varias empresas pero estas no vieron su idea con buenos ojos y Pavel acabó por patentar su invento.
Sony comenzó negociaciones con Pavel sobre la propiedad intelectual de la invención, y reconoció, en 1986, que le serían pagadas regalías por su invento, sin reconocerse la propiedad intelectual, explica Wikipedia.
Leía días atrás en un blog que por el aniversario del walkman, la BBC hizo un curioso experimento al darle a Scott Campbell, un chico de 13 años, un viejo Walkman para que use durante una semana. El mocoso dijo por ejemplo que si esto era un reproductor de bolsillo, tendría que tener un “bolsillo gigante”. También se quejó de la calidad de sonido, de que el casette almacenaba pocas canciones y de que no encontraba la función shuffle!, se consigna en "eblog" para rematar, el muy maleducado: " “Mis amigos no podían imaginar que sus padres hayan usado esta caja monstruosa”.
Hoy, los i-pod, mp3 y artefactos similares crecen y se multiplican, como alguna vez los walkman le pegaron el tiro mortal a los discos. Dentro de 30 años, alguien recordará seguramente los artefactos con los que escuchábamos música en épocas de gripe porcina...

Hacía tiempo que no me emocionaba tanto ante una revista. Esta mañana la hojeaba, la tocaba, la acariciaba, sonriendo, imaginando y transportándome en el tiempo. Vaya una vez más el agradecimiento a mi amigo Eduardo por este hermoso regalo: un número de "Caras y Caretas" del 30 de diciembre de 1899. Un ejemplar de 110 años, que vive y palpita desde los apagados colores de su tapa.

Tras la primera e imperiosa necesidad de recorrer cada una de sus páginas, llega la segunda lectura, más analítica, sin dejar de lado los avisos comerciales, ya de por si increíbles. Y al margen del contenido específico de esa "Caras y Caretas" aparecen las preguntas, que se arremolinan cuando acabo de cerrar el ejemplar.

¿Quién la compró? ¿Quién la guardó? ¿A qué se dedicaba aquel hombre que la adquirió en aquellos días posteriores a la Navidad de 1899? ¿Se hablaría del 1900, se temería o se referirían al fin del mundo, como hace algunos años nosotros lo hicimos con la llegada del 2000?.

Preguntas hasta infantiles van y vienen en torno a esa revista de 110 años, seis más que los que acaba de cumplir este diario.

Esa revista se editó y se leyó cuando no existían ni Boca ni River en la Argentina, el mundo no había sacudido por sus dos guerras mundiales, y cuando nadie imaginaba que alguna vez existiría un aparato llamado televisor. No había nacido mi abuela, Perón tenía 5 años, Yrigoyen 7 y Gardel 10. No habían nacido Evita, ni Fangio, ni Maradona, ni Pelé en Brasil.

¿Qué comería aquel hombre que compró esta Caras y Caretas?. ¿Cómo se conformaba su familia? ¿Con qué soñaba, que añoraba, que lo entristecía?. Gateaban aquellos días de diciembre de 1899, bebes que luego serían célebres personajes, como Jorge Luis Borges, Humphrey Bogart, Ernest Hemingway y Alfred Hitchcock, todos nacidos en 1899, mientras España renunciaba a sus derechos sobre Cuba.

En Buenos Aires vivían 800.000 personas, el tango no había llegado al centro, y se bailaba la polca militar.

¿Bailaba el comprador de esta revista el vals "Danubio Azul"? ¿En aquella fiesta de fin de año brindaba con champagne "Delbeck", con oporto "Braganza", con cognac "Valdespino" o con la ginebra de moda: "Néctar"?

Hojeo la revista una vez más. Hay en la página 2 un aviso de página entera, promocionando la compra de velocípedos a $7.50 m/n. Se venden en Florida esquina Cangallo. También se habla del "compuesto de apio de Paine", que según la estrella de entonces, Emma Calvé, cantante de fama mundial, "es el más grande fortalecedor para los nervios que pueda encontrarse. Puedo certificar que su poder para dar buena salud es asombroso", añade.

En calle Bolívar 375 (a tres cuadras de Plaza de Mayo) se venden los "nuevos fonógrafos y grafófonos" que cantan y hablan "tan alto como la voz humana". "Estos aparatos -se indica en el aviso-pueden también reproducir cualquier discurso, conversación, canto,. música,etc".
Las notas sorprendentes se multiplican en cada página hasta que en una de las últimas de la revista, aparece un aviso que tiene que ver con Mar del Plata. Se trata del Confortable Hotel, a tres cuadras de la playa del Bristol. Se indica que posee "cocina de primer orden, comidas especiales para familias, luz eléctrica en todas las habitaciones y selecta orquesta durante las comidas y por la noche en el gran salón de baile". ¿Los precios?. En diciembre, marzo y abril, una "pieza con dos camas y pensión para dos, 12 pesos diarios, que llega a 14 pesos si la estadía es en enero febrero". Ya en la retiración de la contratapa se promocionan "Santarelli y Lobato, fábrica de coronas fúnebres" y la "señorita Fanny Blitz, primera dentista recibida en la facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires" anuncia que "ha abierto su consultorio odontológico para señoras y niños". Para cerrar, en la contratapa, a todo color, van los avisos de "Calvet y Co, agente del champagne", Fósforos Victoria y Real Hollands, la reina de las ginebras y galletitas Lola, de Bagley.

En tiempos de pantallas y computadoras que caben en la palma de una mano, cuando se habla de los "libros electrónicos" la muerte de los diarios, la desaparición de los libros, este ejemplar de "Caras y Caretas" se pasea impetuoso entre las manos de los periodistas de la redacción que tan sólo gozan acariciándolo...

Encontrar una vieja revista en la feria del Parque Rivadavia de Buenos Aires y disfrutar viendo viejas publicidades y fotos constituye un espectáculo único. Las viejas fotos, las de las revistas, las del archivo del diario, las del cajón de casa, siempre tienen su atractivo.
Días atrás, el pasado y el presente confluyeron para darle vida a estos recuerdos. Por internet, comenzó a circular un correo con fotos del pasado, algunas de ellas realmente increibles.
Vale detenerse en cada una de ellas, buscando las "perlitas" de cada toma, no solamente lo que se ve en primer plano.



Así, y vale compartirlo con los seguidores de este blog, hay fotos para todos los gustos.
La típica pizza de cancha, la vieja pescadería, el local de venta de sombreros, el negocio donde avisan que llegó el dulce de leche, o el de los inmigrantes recién arribados al puerto local con todas sus expectativas a cuesta para reiniciar sus vidas en esta tierra. Pero hay más, más fotos para disfrutar. El local donde se venden radios, la tradicional copa de leche en la escuela, el tranvía a Plaza de Mayo, los vendedores de diarios, aquellos canillitas, y el trabajo en el campo, cuando la soja no existía.
Fotos para ver, para disfrutar, para recordar. Para compartir, en un alto del diario trajín.

A mi no me jodan. Me hicieron vivir en una época que estaba llena de trabas e inconvenientes. La época mediaval te diría. Con mi mujer e hijos ibamos a un restaurante y pedíamos una mesa para cinco. "Se portan bien o no hay postre", se les advertía a los salvajes ni bien se arribaba al restaurante donde los ubicabamos estratégicamente como para que recibieran sus correspondientes "mamporros" si se zarpaban, léase si el más grande le metía la cabeza en la salsa de los ravioles a la nena, o si por medir a ver quien tenía más o menos Coca Cola terminaban rodando vasos y botellas por el piso con el consiguiente show de las cabezas de las otras mesas girando hacia la nuestra.
A la hora del balance puedo señalar con orgullo que salvo en una oportunidad, los tres indios que hoy portan mi apellido, siempre se portaron civilizadamente a la hora de ir al restaurante. Aunque he visto escenas escalofriantes en algunos casos, con mocosos a los que practicamente "ataban", cual si fuesen matambres, en las "sillitas altas" para que todos pudiesen comer en paz.
Aclaraba que solo una vez los míos hicieron desastre. Fue en un restaurante de la calle Yrigoyen pero admito que fue mi culpa. Hacia 400 grados, llegamos en un Citroen 2CV que se movía a 40 kilómetros por hora, y prácticamente deshidratados, acalorados, ahogados, colorados, especialmente los dos varones, estaban "endiablados". Tiraban el pan, la manteca, los cuchillos, los cubiertos, los vasos y lo que encontraban a su paso. Sólo quería Coca y más Coca, por lo que, esta vez si, quedó de lado aquel axioma de una sola gaseosa por cabeza "y que te dure hasta el final".
¿A qué viene todo esto? ¿Por qué toda esta introducción y confesión? Paso a detallar. Anoche, en el trabajo, escuché a un compañero que hablaba por teléfono con su esposa.
"Si, bárbaro, pero averiguá si tiene pelotero", disparó antes de cortar.
Escuché pero mi hice el gil. Sin embargo, dos minutos después, el tipo empezó a hablar en voz alta en un claro pedido de ayuda e información. "Muero por unas tiritas de asado. ¿Alguien sabe donde puedo comer asado y que tengan pelotero?".
A ver, a ver...Me tildé en ese instante. Creí que pelotero era un nuevo plato. Ahora se le dice "fina base de hierbas" a un poco de lechuga por lo que tranquilamente podrían llamar "pelotero", digamos, a una buena provoleta.
Pero no, no.Este cristiano, carnívoro, quería un pelotero-pelotero. O sea, un lugar donde depositar a su adorable criatura mientras él se mandaba sin culpa alguna los riñoncitos, chinchus y tiritas. Es más, estuve averiguando y hoy todos, absolutamente todos los matrimonios jóvenes, con hijos, buscan restaurantes con "peloteros" o sectores dedicados al cuidado de los salvajitos. "Tienen televisores de plasma, todos los juegos que te imagines, y en algunos casos hasta maestras jardineas", me ilustraron, y me miraban como si yo fuese el abuelo de Heidi.
Juro que no me estaban jodiendo. Eran varios los recientes papas y mamas del laburo que hablaban con naturalidad de la situación. E incluso me informaron sobre la existencia de una revistita donde se consignan las características de cada "restó" con estos artilugios.
Es así. Ahora los mocosos van al pelotero, se comen dos papas fritas, y con suerte medio pancho, mientras papá y mamá cenan tranquilos. No está mal, no está mal, pero, que quiere que le diga, me quedo con aquella mesa donde los chicos sabían sentarse, comportarse, y comer civilizadamente. Aquellos días en que en las mesas de los restaurantes se veían familias dialogando y cenando, y hasta por ahí, tenías la suerte de que pasara una mujer, que había ocupado otra mesa cercana, y te felicitara por lo bien que se portaban tus pibes. Y vos te sentías orgulloso, hasta con ganas de comprarle otra Coca y un flan gigante con dulce de leche a los pequeños indios, domesticados por un rato sin necesidad de pelotero, plasmas y "seños".

Basta que alguien dispare la frase (nunca mejor dicho lo de disparar) para que todos se prendan aca, en el trabajo, recordando lo vivído en la infancia. Esta vez a uno se le ocurrió decir que se "volvía loco" con el olor de las cebitas de plástico, una vez que explotaban, y así se desató el vendaval.

"Había dos clases de cebitas. Las de rollito de papel y las de plástico, rojas, en rueditas", ilustró uno, mientras que más allá, con diez años más, otro de los compañeros de tareas empezó a mostrar fotos, en internet, de los revolveres que se usaban en la época.

"Este, de chapa, era ideal para las cebitas de papel. Este era justo para las de plástico", siguió mostrando.

En cuanto a las de plástico, no siempre explotaban. Es más algunas directamente venían sin pólvora. Pero cuando explotaba estaba bueno.

Existía una opción "B", para ambas clases de cebitas si no explotaban en el revolver. Se las hacía "detonar" -(no es mucho detonar?) con un buen piedrazo sobre el asfalto.

"Podés dejarte de joder con ese revolver", me gritó más de una vez mi viejo, a la hora de la siesta, pero los tiroteos que nos mandabamos con mis hermanos sólo se igualaban en las películas del oeste.

Apareció el que ve un negocio en cada charla. "Hay que volver a sacarlos al mercado. Sería un negocio bárbaro. A los pibes les encantaría jugar con estas pistolas con cebitas", dijo eufórico.
"Hoy los pibes juegan con un revolver de verdad", saltó otro. Sorpresivamente, se cortó la charla y cada uno volvió a su escritorio para seguir laburando.





Como para recordar las viejas revistas que hojeabas en la peluquería, en el bar, o en tu casa, cuando no eran tan caras, anda circulando un mail con publicidades gráficas. Como las imágenes valen más que mil palabras (excusa ideal para un lunes donde cuesta arrancar), aqui van unos buenos ejemplos:




De repente, como dicen ellos, "te cae la ficha". Te das cuenta de todo. Se te viene encima la película. Copa en mano, acabas de brindar, ya prometiste bajar de peso, trabajar menos, hacer más ejercicio, estar más tiempo con los tuyos, y ahora te encontras en la puerta de tu casa, con la bolsa de cohetes, petardos y "globos aerostáticos". Pero todo ha cambiado. En la esquina vuelan cañitas voladoras, más allá hay fuegos artificiales, los "rompeportones" retumban aca y allá, y pese a ese ruidoso infierno, estás en silencio. Ya no están tus hijos atrás, a tu espalda, peleando por prender esa cañita con tu ayuda, rogandote para que les des la cajita de "fosforitos", o siguiendote a cada paso haciendote sentir Rambo mientras desplegas toda tu artillería pirotécnica.
Ya no están mis hijos ahí. Hay una sobrina que me mira y el hijo de un vecino que corre por toda la vereda, excitado con tanto color y sonido. Pero descubro que mis hijos ya no están. El año no solo pasa en los calendarios. No vuelan los 365 días del año simplemente para que te vuelvas a juntar para cenar como si fuese la última vez y brindar por lo de siempre. Pasan los años para mi, y pasan para ellos.
Ayer, me parece que fue ayer, cuando comían enloquecidos y se desesperaban mirando el reloj, esperando las doce de la noche para "salir a tirar los cohetes".
Hacíamos pactos de silencio y nos robabámos los encendedores de la cocina que, inexorablemente, quedaban inutilizados. Y vibrábamos cuando el petardo explotaba dentro de la botella de Coca, o junto a la planta de la otra vecina, que esa noche no estaba en su casa. Nos mirábamos, sonreíamos e íbamos por más. "Temíamos" que volaran los coches estacionados en la cuadra, como en las películas, por nuestras explosiones.
Los busco con la mirada y ahora no los encuentro. Entro.
Alguien grita que se derrite el helado, que se calienta la sidra. Todo cambió en poco tiempo, comprendo.
El menor de mis hijos está "prendido" al celular, coordinando la salida con sus amigos, ayudadose también con el chat. Parece estar operando un "call center",
operando con sus amistades para determinar donde se van a encontrar y qué va llevar cada uno para tomar.
El del medio no está. El fin de año lo encuentra volando hacia Estados Unidos donde tocará su contrabajo durante tres meses en un crucero. En aquel año nuevo se dormía agotado, con olor a pólvora en sus dedos y sus rodillas "mugrientas". Ayer dormía a diez mil metros de altura en un American Airlines abrazado a su sueño musical, a sus temores, a su futuro...
La mayor, la que parecía una muñeca con ese vestidito escoces azul y blanco de Osh Kosh, con un lazo rosa en su cuidado peinado, hoy es una profesional recién recibida, con un novio con el que se encontrará en un rato en la playa. Ahora es él quien la llama muñeca. Viene una amiga a buscarla, la misma que alguna vez -¿cuándo fue?- me contó que el "Ratón Pérez" le había dejado un montón de plata debajo de la almohada. Y la película avanza en cámara rápida.
"Chau pa", te despide a la una y pico. "Chau pa", repite el otro antes de la "huida". Ya ni los tenés que llevar en el auto. Hacen lo mismo que hacías vos a esa edad. Quieren estar con su tribu.
Se te van, se te fueron, se están yendo. Es
la vida. Lo sabés, pero te cuesta entenderlo. El tiempo no se puede detener. La vida no es una foto. Los portaretratos desde los estantes de la biblioteca te devuelven imagenes congeladas, hermosas, únicas, es cierto, pero frías y lejanas.
En la madrugada, todavía se escucha allá a lo lejos, algún petardo, otra bomba de estruendo. En Alem hay miles de jóvenes poniendole vida a la madrugada. Ahí puede estar tu hijo, o en la playa cantando, o tomando una cerveza que pasa de mano en mano.
Van y vuelven al nido. En algún momento, dentro de muy poco, lo abandonarán definitivamente. Sentís un dolor difícil de explicar y contenés esa maldita lágrima que al final, te das por vencido, liberás.
El primer día del año me encuentra caminando por la costa. Mañana, dentro de tres, cuatro, cinco o diez "años nuevos", andaré, andarás, por ese mismo camino con un nieto de la mano. Te contará "lo bueno" que estuvieron los cohetes de anoche, te mirará desde ahí abajo con admiración, y
volverás a sentirte un super héroe, como aquella vez, en esta maravillosa e inexplicable rueda mágica de la vida.

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