
Basta que alguien dispare la frase (nunca mejor dicho lo de disparar) para que todos se prendan aca, en el trabajo, recordando lo vivído en la infancia. Esta vez a uno se le ocurrió decir que se "volvía loco" con el olor de las cebitas de plástico, una vez que explotaban, y así se desató el vendaval."Había dos clases de cebitas. Las de rollito de papel y las de plástico, rojas, en rueditas", ilustró uno, mientras que...