¡No conocía a los Space Invaders!


Reconozco que lo miré con ganas de golpearlo. Lo aprecio mucho, sabe mucho, muchísimo, de internet, blogs y todo lo que sale y que tiene que ver con la computación. Por eso, cuando en medio de una charla me miró sin entender que eran los "Space Invaders", tuve el primer impulso de acogotarlo. El segundo impulso, más reflexivo, cinco días después, fue el de escribir unas líneas para que él mismo las suba en este blog y de paso aprenda.

Estos cyber mocosos que parecen haber nacido con el "Fifa 98" en la cuna, que creen que los años o las eras se dividen entre APS o DPS (Antes de la Play Station o Después de la Play Station) no pueden desconocer que los Space Invaders marcaron nuestra adolescencia, se llevaron todos nuestros ahorros en la Sacoa y aún hoy, nos mantienen tensos frente a las pantallas mientras van bajando los bichitos.
¡Agarren los libros chicos! "Googleen", como dicen ahora, pongan "Space Invaders" y busquen, que hay material de sobra. Pero por favor, nunca más nieguen la existencia.

De todos modos, antes de que se me piante un lagrimón, editaremos en este blog algunos datos, muchos de los cuales aparecen en Wikipedia. "Space Invaders" nace en 1978 para converturse en uno de los videojuegos más importantes de la historia. Su objetivo es eliminar a una serie de alienígenas invasores del espacio.
Su creador fue Toshihiro Nishikado, un diseñador japonés de la Taito Corporation. El éxito del juego fue enorme y se transformó en un fenómeno comercial: al cabo de poco tiempo era posible comprar todo tipo de merchandising relacionado con esta creación (libros , discos , camisetas...).
Además no tardaron en salir los primeros clones. Debido a que Space Invaders, aunque parezca imposible, no estaba sujeto a copyright, varios productores de videojuegos lo clonaron sacando a la venta juegos como: Space Invaders Deluxe, Super Invaders o Fast Invaders, se expresa en Wikipedia.

¿Cómo se juega? (¿En serio habrá alguien que no haya jugado nunca?) El juego tiene una estructura muy simple pero apasionante. El jugador controla un cañón que puede moverse a la derecha o izquierda y un botón de disparo. Tiene que ir destruyendo los aliens invasores (de los cuales hay tres tipos: con forma de calamar, de cangrejo y de pulpo) que van acercándose a la tierra cada vez más rápidamente. Cada tanto aparece en la pantalla, por encima de los invasores, un platillo volador que se mueve aleatoriamente de derecha a izquierda o de izquierda a derecha y que no agrega una puntuacion definida, sino que los puntos que otorga cambian cada vez.
Para tener mas éxito en el juego, se debe eliminar la fila que se acerca a uno de los lados del monitor disparando a los invasores uno a uno e ir alternando dicho proceso.
Además, existen cuatros escudos de protección terrestre (más parecidos a búnkeres) que nos cubren del fuego alienígena, aunque también nos dificultan disparar desde detrás de ellos.
En Sacoa se podía jugar a los Space Invaders en unas mesas que estaban cerca de la zona donde se celebraban los cumpleaños. Te podías pasar horas allí intentando batir tu propio récord.
Cuentan los que sabe que gracias al inmenso éxito de este videojuego, en Japón empezó a haber gran escasez de monedas, dado que eran utilizadas en las salas de videojuegos. El gobierno tuvo que aumentar el número de monedas para hacer frente a la emergencia.
En una página de internet, space-invaders.com se publican fotos de los "invaders" en paredes y edificios de distintas partes del planeta.
Cumplido el objetivo de explicarle a quienes no conocen a los Space Invaders qué es lo que se han perdido, me despido porque me dieron ganas de jugar un rato y bajar esos bichos con formas de calamares, cangrejos y pulpos.

Los chicos ya no juegan en la calle

No había que ser muy inteligente como para darse cuenta. Lo cierto es que un estudio revela que la falta de momento para jugar libremente, afecta el desarrollo de los niños.
¿Qué será del futuro de estos pibes?. Nadie puede definirlo claramente, pero hoy poy hoy se están perdiendo muchos juegos que quienes hoy pasamos la barrera de los 40 evocamos con una sonrisa.
Estos chicos hoy no juegan al fútbol en la calle, no construyen casas en los árboles, no saben lo que es el "poliladron", el "ring raje" y para las chicas, saltar el elástico en la vereda suena a película en blanco y negro. Los pibes no tienen tiempo, esa es la verdad.
Lo estamos "preparando" teóricamente para una sociedad competitiva, y así, entre el colegio, inglés, computación, danza, etc,etc, llegan a la noche "fusilados" con un rato para la computadora o la play station. También la inseguridad entra a tallar en todo esto, porque no hay padre que pueda estar tranquilo con su hijo en la calle, pero lo cierto es que los tiempos cambiaron. Hasta las "bicis", en poco tiempo, van a pasar a ser piezas de museos.
La niñez que conocíamos quedó atrás y los niños de futuras generaciones podrían entrar a la edad adulta sin contar con las aptitudes esenciales para la vida y sociales debido a una falta de momentos para jugar 'libremente', según un estudio publicado por Persil. El reporte global, que marca el lanzamiento de la campaña Todo Niño tiene Derecho de Persil, fue conducido conjuntamente con expertos líderes en desarrollo de la juventud y destaca el desgaste de la niñez. El reporte halló que 85% de las mamás en Reino Unido están preocupadas de que los niños crecen demasiado rápido y 64% considera que los niños se privan de su niñez debido a la falta de momentos para jugar libremente.
Según los cables de las agencias de noticias, en respuesta a este estudio, Persil como parte de la campaña Todo Niño tiene Derecho, está lanzando su Iniciativa para Jugar Libremente 2008, un esquema nacional enfocado a ayudar a los padres a encontrar maneras inspiradoras para que sus hijos se expresen a través del juego creativo y sin estructura. Este esquema culmina en apoyo al Día para Jugar, la celebración nacional anual del derecho a jugar de los niños, el 6 de agosto de 2008.

¿Sabía usted que jugar libremente ayuda en las siguientes áreas del desarrollo de los niños? . A saber: Estimula su imaginación y creatividad , mejora el lenguaje y la expresión, les ayuda a mantenerse activos y evita la obesidad, disminuye el estrés, ayuda a levantar la autoestima, mejora el desarrollo emocional y las aptitudes sociales para su vida futura.

Asimismo, como una guía, se recomienda que los padres dediquen una hora diaria para jugar activamente, de preferencia al aire libre con todos los niños. Los niños necesitan muy poca estructura o motivación puesto que son naturalmente activos. Únicamente necesitan el tiempo, el permiso y el espacio adecuado. Para ayudar a sus niños a aprovechar al máximo su tiempo para jugar, la Iniciativa para Jugar Libremente se centra en cinco áreas de juego que pueden ayudar al desarrollo del niño (juego, exploración, creatividad, imaginación y experimentación). Se viene el Día del Niño. No van a recibir ni pelotas, ni patines, ni "gomeras" que sean utiles como para jugar en la calle. Son los tiempos modernos. Tiempos en los que desde el Reino Unido nos enseñan que hay que fomentar el juego al aire libre de los más chicos.

La ventana al mundo de antes

Muchos dicen que la televisión es la ventana al mundo a través de la cual se puede ver todo lo que pasa en tiempo real. Pero, ¿cómo era antes el aparato televisivo? Seguramente que menos vistoso que ahora y además algunas características que lo hacían particular. Nada de control remoto, a pararse y cambiar con la perilla los pocos canales de aire que se sintonizaban. Nada de imagen en extrema calidad o todas esas cosas que ahora inventan, un blanco y negro con bastante lluvia dependiendo si la antena captaba bien o no la señal. Nada de sonido surround, un solo canal para escuchar las voces que se emitían desde la televisión. Sin dudas mucho cambio desde que la televisión nació hasta estos tiempos modernos donde las pantallas planas y el sonido "envolvente" dominan el mercado. Pero en fin, tiempos para recordar, momentos que se vivieron...¿te acordás?

El Family Game

Y como no soy el habitual redactor de este blog, tal vez esto no sea tan viejo para sus habituales lectores, aunque para mí, si lo es. Eran los inicios de mi infancia y todos mis compañeros de escuela jugaban en la misma consola: el FAMILY GAME. Increíble, era una especie de PlayStation3 o Wii, pero en un formato totalmente simple. Sólo dos josticks y una consola con casettes para cargar los juegos, conectado al televisor y listo: la magia aparecía.

Tal vez el juego más conocido el Mario Bros, donde se tenían que pasar distintos niveles de aventuras con una interfaz gráfica que hoy nos soprendería. En fin, espero que el Family les haya traído algún recuerdo y que me cuenten ¿si lo usaban y a qué jugaban?

-colaboración j-

Esas series, ahora en películas

En estos tiempos en que la mayoría de las películas abundan con contenidos de viejas series de televisión bien vale el recuerdo del Superagente 86, uno de los últimos en salir de la pecera Retro a la pantalla grande. La serie duró cinco años y nació como una parodia a los formatos de espionaje como los de James Bond.
El protagonista de la serie fue Maxwell Smart (Agente 86) y la coprotagonista se llamaba "99". Ambos trabajaban para "Control" (parodiando a la CIA) y luchaba contra "Kaos" (parodiando a la KGB) la organización internacional del mal que a menudo deseaba conquistar el mundo o hacerlo estallar. El superagente usaba un "zapatófono" (precursor del teléfono celular) para comunicarse con el jefe pero casi siempre sus llamadas eran equivocadas y terminaba hablando con la operadora que le solicitaba poner monedas para continuar hablando.
Aquí una muestra de la genialidad humorística del reconocido Agente 86:



-colaboración J-

El "Topolín" que traía mi viejo

La otra noche estaba por llegar a casa y mi hijo, por mensaje de texto, me impartió la orden: "pasá por una estación de servicio y traeme un chocolate".
Cómo prefiero hablar antes que escribir, y más si uno estás manejando, lo llamé inmediatamente.
-¿No querés que te lleve un Topolín?
-¿Un Topo qué?, preguntó sorprendido.
-Nada, nada. Te llevo un chocolate.
De golpe me trasladé a mi infancia. Obviamente que a mi viejo no lo hubiese llamado por celular ni pedirle que pasara por la estación de servicio, salvo que mi madre necesitara kerosene para la estufa. En las estaciones de servicio no había golosinas, pero además, no había celulares. Pequeño detalle.
Pero volvamos al Topolín. Era mi golosina preferida. El Topolín implicaba una ceremonia. Era la sorpresa, el regalo que traía, nos traía, mi padre, a mis hermanos y a mi cuando llegaba del trabajo. No era una golosina cara, pero el momento en que mi viejo atravesaba la puerta del departamento, nos daba un beso y metía sus manos en el bolsillo, era sublime. Eso se registraba entre las ocho y las nueve de la noche. Nosotros -mis dos hermanos y yo-ya estabamos bañados, con el piyama puesto, viendo algo de tele, haciendo los deberes, o matandonos por alguna pavada esperando la llegada de papá mientras la vieja cocinaba. Lo de los pucheros, el estofado de pollo con fideos o la polenta con queso vale para otro comentario.
Nos encantaba el Topolín, con ese sobre de papel, descolorido, que uno abría esperando encontrar un pequeño juguete y el querido chupetín. Tengo grabado el gusto. Los gustos y los olores perduran. El del Topolín no me lo borra nadie.
Degustábamos con placer ese Topolín, como el chicle bazooka, las galletitas Manon que mojabamos en la leche, o algún "Mejoralito" que por ahí afanábamos de la caja de los remedios. Ya habíamos visto a "Don gato y su pandilla", "Los autos locos" y "Meteoro", habíamos hecho los deberes y usado el "Simulcop" para algún trabajo de Ciencas Naturales, y nos preparábamos para dejar atrás un nuevo día.
Supongo que mi viejo paraba siempre en el mismo kiosko donde lo esperaba el paquete de Parliament largo y los tres paquetes de Topolín. Cuando cobraba y se podía, nos sorprendía con tres chocolatines Jack, pero el Topolín ganaba por robo en cuanto a fidelidad. Nunca llegó sin la golosina o el paquete de figuritas.
Esos días únicos, irrepetibles, de nuestra infancia, cuando las preocupaciones, las obligaciones, eran cosa de "los grandes", son lindos para evocar de vez en cuando. Esta vez, gracias al "Topolín", la golosina de mi infancia que jamás conoció mi hijo.

El día que el viento se tomó descanso

Pintaba para ser una jornada relajada, pero se convirtió en todo lo contrario. La cosa fue así. Sobrina, cinco años, que llama por teléfono para invitar a una barrileteada familiar en el jardín. Papá y mamá laburando, de modo que el tío -a partir de aquí, el que suscribe-, sin dudarlo, aceptó gustoso. Allí estaba en la puerta del Inmaculada Concepción, en el corazón del Puerto, exactamente a las 10.30 como lo había pedido la "seño".

Entre padres, madres y hermanos ansiosos por iniciar el encuentro, ya íbamos "relojeando" los barriletes preparados por cada uno. Digamos que el nivel era parejo. No había ningún Jumbo ni nada que sobresaliera. Todos parejitos, siguiendo las instrucciones que las responsables de las salitas "Manchas verdes" y "Manchas azules", tal cual identifican a esas bandas de mocosos que ya en el patio estaban ansiosos por hacer volar sus cometas, habían mandado en el cuaderno de comunicaciones.

Cada uno, con su enano/a de la mano, fue buscando el mejor lugar en el amplio parque cual pista de despegue. Y así, como cuando a uno lo invitan a jugar al papi fútbol descubre sin temor a equivocarse quién tiene todas las fichas como para gastarla con sólo verlo en el precalentamiento, acá sucedió lo mismo. Detecté a dos descendientes de Jorge Newbery que se pararon como para hacer volar hasta a los árboles.

Obviamente me puse bien lejos de ellos. Alguien dio la orden de largada, y entonces sí, comenzó la actividad. Bah, es una forma de decir. Mar del Plata, nuestra bendita ciudad, ofrece 365 días al año con interesantes vientos, rafaguitas que te vuelan el peluquín al menor descuido. Pero éste es bisiesto, si no me equivoco. La ecuación es sencilla: el de la barrileteada fue el único día en que el viento decidió tomarse un merecido franco. Ni una mísera brisita. Nada.

Algunas mujeres corrían tomando el hilo, el abuelo que estaba a mi izquierda ya se estaba poniendo nervioso, y los parientes de Newbery tampoco lograban levantar el barriletito más allá de sus hombros. Pintaba mal de entrada la cosa. De más está decir que, tal cual lo preveía la noche anterior, lo mío fue un fracaso rotundo desde el vamos, pero confieso que estaba mentalmente preparado. Y con la excusa de que no había nada de viento, zafaba.

-"¿Qué pasa tío con nuestro barrilete?", preguntó Serena, ya con ganas de irse con sus amiguitas a correr, cortar flores o comerse toda la bolsa de Sugus bajo el ciruelo. - Nada, lo mismo que a los demás. No hay viento. - ¿Y si soplamos? - Bueno, intentemos.

Media hora ya había pasado. La única serena era Serena. Los padres, madres, tíos, abuelos y hermanos fuimos de a uno abandonando. Mientras tanto, escuchando ciertos diálogos, ratifiqué que estos pibes no tienen nada de santos. Son lo más irónico y dañino que uno pueda imaginarse.

"Mamá, esta porquería no funciona", lo escuché a uno, me la juego, el más vago de la sala, quien tiró su barrilete al piso sin ninguna diplomacia. La señora sonrió pero juego la cena que tuvo ganas de decirle que era un cretino, que no le importó que mami se perdiera tres horas con engrudo y cañitas, recortando letras para armarle el mejor barrilete con el nombre de Lucas estampado para que lo leyeran las nubes.

Caminé unos pasos, y esta vez era una nena la que mirando de frente a su padre le disparó sin anestesia: "papá, vos no sabés hacer barriletes", sin dejar espacio para cualquier tipo de respuesta o explicación. Se dio media vuelta y se marchó con otro piojo.

Cuando Serena amagó a decirme algo -ya me alcanzaba con lo escuchado, ya era consciente de mi torpeza- la llené de palitos de la selva y chupetines que, como un as de espada, guardaba en mi bolsillo. Me perdonó la vida y al rato andaba a los saltos por ahí.

Se me acercó un padre. "No hay nada de viento. Ayer lo probé en Mogotes y funcionaba. Mala suerte", se psicoanalizó. Me gustó su corto, concreto y realista análisis que compré en forma inmediata.

A pasos apenas, el que se iba a comer a los chicos crudos desenterraba su ahora destartalado cometita, que se había clavado en el medio del parque. A esa altura, la única que corría era la mañana. El espacio aéreo seguía bien limpio. Tengo 54 madres y 16 padres que no me dejan mentir. No volaban ni las moscas. Uno a uno fueron, fuimos, desistiendo, buscando programas alternativos hasta el mediodía. Aparecieron entonces los mates, se improvisaron las rondas, y los juegos informales con los chicos.

A las 11.20 exactamente todo se sacudió. Primero fueron gritos y después aplausos. Reaccioné y busqué. Todas las miradas todas apuntaban hacia el cielo. Un barrilete celeste y blanco, con una hermosa cola, cual novia del viento, allá se iba cada vez más alto. En instantes comprendimos que este tipo borraba de un plumazo todas las excusas. El tenía viento, o por lo menos su artefacto subía y subía. Los mates quedaron de lado y todos fuimos por otro intento. Acá, allá, corrían, se agitaban los brazos, se cambiaba de lugar, pero nada.

El del tipo aquel cada vez se iba más lejos. Los chicos seguían quemando energías pero "relojeando" al único habitante del limpio cielo. Y el hombre, claro está, gozaba. Me lo imaginaba en el almuerzo diciéndole orgulloso a su párvulo: "¿viste que el único que voló fue el que hizo papito?".

Papito: ahora te lo puedo confesar. Todos los que pasamos cerca tuyo, todos los que te felicitamos, todos los que dijimos pavadas del estilo "muy bueno lo tuyo", o "sos un maestro", te odiamos. Sí, con todo el corazón, porque nos clavaste un puñal en el medio del orgullo, porque nos hiciste tomar mate acompañado por el amargo polvo de la derrota.

Papito, pedí tres deseos cuando veía tu barrilete allá en el cielo. Como no se cumplieron te los cuento en orden de importancia. ¿Me escuchas? Primero, que pasara un helicóptero de la Prefectura y se comiera tu objeto volador, segundo, que de la nada surgiera un rayo que te lo incendiara, y tercero, que cayera un aguacero que te lo arruinara allá en lo alto. Si se daban los tres juntos, bingo.

Sí "papito", vos te reirás al leer estas líneas, pero te regalo la imagen del tipo que vi sentado ahí, a un costadito, con su barrilete cósmico y su honor hecho pedazos. Cabeza gacha, pasé junto a él, tuve ganas de invitarlo a tomar un whisky, a darle ánimo, pero me miró con sus ojos de perro extraviado, volvió a esconder la cabeza, y dejé que solito elaborara su duelo.

Rogaba que llegaran las 12, que terminara este suplicio. A la hora señalada se dio por terminada la fiesta, y cada uno para su casa. Me despedí de Serenita, y lejos de recibir un reproche, me regaló el beso más dulce de esa mañana distinta.

Ya estoy ahorrando para la próxima: me compro un barrilete a control remoto, me pongo al lado de "papi" -hablando en serio, un campeón- y entonces sí, que me echen los galgos.